La huella invisible del hormigón: lo que el encofrado dice de un edificio antes de ser habitado

Encofrado metálico de acero con armadura interior listo para el vertido de hormigón en obra

El encofrado metálico permite un alto control geométrico y acabados precisos en elementos de hormigón visto.

Durante décadas, el hormigón fue entendido como un material estructural sin voz propia. Se vertía, se ocultaba y desaparecía bajo capas de revestimientos. Sin embargo, en la arquitectura contemporánea esa lógica se ha invertido. Hoy, el hormigón se muestra, se reivindica y se analiza al detalle. Y en ese cambio de paradigma, hay un elemento que ha pasado de ser invisible a convertirse en decisivo: el encofrado.

Hablar de diferentes encofrados para acabados del hormigón no es una cuestión menor ni puramente técnica. Es hablar de cómo se construye la piel del edificio, de qué mensaje transmite, de qué nivel de precisión exige el proyecto y de cómo se entiende la relación entre arquitectura, proceso constructivo y tiempo.

En este artículo analizamos los principales tipos de encofrado según el acabado que generan, su impacto real en la obra y por qué cada vez más arquitectos y técnicos los consideran una decisión de proyecto, y no solo de ejecución.


El encofrado como decisión arquitectónica (y no solo de obra)

Durante años, el encofrado se ha tratado como un asunto puramente de ejecución, algo que se resolvía en obra una vez el proyecto ya estaba cerrado. Sin embargo, cuando el hormigón queda visto, esa separación entre proyecto y construcción deja de tener sentido. El encofrado es lo que define la piel del edificio: marca las juntas, la textura, las imperfecciones y también el grado de precisión que transmite el conjunto. No es un simple molde provisional, sino un elemento que condiciona la lectura arquitectónica final.

Decidir entre un encofrado de madera, fenólico o metálico no es una cuestión menor ni únicamente económica; es optar por un lenguaje concreto, por mostrar el proceso o por ocultarlo, por asumir la huella de la obra o por buscar una superficie más controlada y abstracta. No es casual que organismos técnicos de referencia como The Concrete Centre insistan en que el hormigón visto debe proyectarse desde el inicio, entendiendo el encofrado como parte del diseño y no como una decisión tardía de obra. En los proyectos donde el hormigón funciona de verdad, el encofrado se piensa desde el primer plano, se coordina con la modulación y se detalla con la misma atención que una fachada. Cuando se improvisa al final, el resultado suele ser correcto, pero sin intención; cuando se proyecta, el hormigón deja de ser solo estructura y pasa a ser arquitectura.


Encofrado de madera: la huella del proceso constructivo

El encofrado tradicional de madera es uno de los más expresivos. Las tablas dejan su marca: vetas, juntas, pequeñas irregularidades y un ritmo visual que delata cómo fue construido el elemento.

Este acabado se asocia a arquitecturas donde el hormigón busca un carácter cálido, honesto y casi artesanal, muy habitual en viviendas unifamiliares, edificios culturales o proyectos integrados en entornos naturales.

Desde el punto de vista técnico, es un sistema exigente. La absorción de la madera, su estado, la repetición de uso y el desencofrante influyen directamente en el resultado. Cada reutilización modifica la textura, lo que convierte cada superficie en única, pero también en menos predecible.


Encofrado fenólico: control, repetición y limpieza visual

Cuando el proyecto exige un acabado homogéneo y preciso, el encofrado fenólico se convierte en el estándar. Sus paneles recubiertos con resinas permiten obtener superficies lisas, con poro fino y juntas bien definidas.

Es el sistema más utilizado en edificación residencial y terciaria cuando el hormigón queda visto. Permite una lectura limpia del volumen, facilita la modulación y reduce la aparición de defectos superficiales.

Además, su durabilidad y capacidad de reutilización lo convierten en una solución equilibrada entre coste, calidad y fiabilidad técnica, especialmente en obras de cierta repetición.



Encofrado metálico: precisión industrial y geometría exacta

El encofrado metálico, generalmente de acero o aluminio, se utiliza cuando el margen de error debe ser mínimo. Produce superficies extremadamente planas, aristas definidas y una geometría precisa.

Es habitual en infraestructuras, grandes edificios singulares y proyectos donde el hormigón expresa rigor, tecnología y control absoluto. El acabado es más frío y técnico, pero también el más constante y repetible.

Su coste inicial es elevado, aunque se justifica en obras de gran escala o cuando la calidad superficial no admite improvisaciones ni correcciones posteriores.


Encofrados especiales y texturizados: cuando el hormigón gana relieve

Más allá del plano, los encofrados especiales permiten introducir relieves, patrones y texturas complejas. Mediante moldes elásticos, matrices de caucho o paneles mecanizados, el hormigón adopta una dimensión casi escultórica.

Se utilizan especialmente en fachadas, muros singulares y espacios públicos donde el material no solo construye, sino que comunica. Desde geometrías abstractas hasta imitaciones de piedra o tejidos, las posibilidades son amplias, aunque técnicamente exigentes.

Aquí, la calidad del vertido, la vibración y el desencofrado son críticos. Un pequeño error puede arruinar un acabado pensado para ser protagonista.


Encofrado perdido: eficiencia constructiva y acabado integrado

El encofrado perdido no se retira tras el fraguado. Forma parte del sistema constructivo final y, en muchos casos, también del acabado.

Bloques de madera-cemento, piezas cerámicas o paneles técnicos permiten ejecutar muros de forma rápida, integrando estructura y cerramiento. El acabado resultante es más técnico y rugoso, habitual en arquitectura industrial, edificios logísticos o soluciones donde prima la eficiencia.

No busca la perfección estética, sino la coherencia constructiva y la reducción de procesos en obra.


Encofrados experimentales: el hormigón como laboratorio

En proyectos más exploratorios, el encofrado se convierte en un campo de pruebas. Telas tensadas, moldes flexibles, piezas recicladas o soluciones híbridas generan superficies imprevisibles, orgánicas y profundamente contemporáneas.

Este enfoque no persigue la repetición ni la estandarización, sino la expresión del proceso y la singularidad del resultado. Cada superficie es irrepetible y refleja de forma directa la interacción entre material, gravedad y tiempo.


Reflexión final: la piel del edificio también es estructura

Cada superficie de hormigón cuenta una historia. Las juntas hablan de ritmo, las vetas de madera del proceso, las superficies lisas del control técnico. Nada es neutro.

Elegir un tipo de encofrado no es una decisión secundaria ni exclusivamente de obra. Es una elección que define cómo se percibe el edificio, cómo envejece y cómo dialoga con quien lo habita.

En un momento en el que la arquitectura vuelve a mirar al proceso constructivo con honestidad, el encofrado deja de ser invisible. Se convierte, silenciosamente, en uno de los verdaderos autores del proyecto.


Cuando el acabado del hormigón también decide el comportamiento del edificio

La elección del encofrado no solo define la textura visible del hormigón, sino que condiciona su durabilidad, su envejecimiento y el mantenimiento futuro del edificio. No es casual que los proyectos que apuestan por hormigón visto bien ejecutado conecten directamente con enfoques como el uso de materiales que envejecen bien, el diseño constructivo orientado a reducir mantenimiento o la arquitectura resiliente frente al paso del tiempo y el uso intensivo. En todos estos casos, la superficie final del hormigón deja de ser un simple acabado para convertirse en una capa activa del edificio: protege, comunica y reduce intervenciones futuras. El encofrado es, en ese sentido, el punto donde la técnica constructiva y la arquitectura responsable se encuentran.



Preguntas frecuentes sobre encofrados y acabados del hormigón

¿El acabado del hormigón depende solo del encofrado?
No. Influyen también la dosificación del hormigón, la vibración, el desencofrante y la ejecución en obra.

¿Es más caro el hormigón visto?
Puede serlo si exige mayor control y precisión, pero reduce costes posteriores en revestimientos.

¿Se pueden combinar distintos encofrados en un mismo edificio?
Sí. Es habitual para diferenciar usos, escalas o zonas singulares.

¿Qué sistema ofrece mayor control estético?
El encofrado fenólico y el metálico son los más previsibles y repetibles.

¿El hormigón con textura envejece peor?
No necesariamente. En muchos casos, envejece mejor al disimular pequeñas alteraciones superficiales.

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